Por: Victoria Eugenia Rendón Mesa – Docente

LAS NUEVAS GENERACIONES NACEN CON LO DIGITAL INCORPORADO, ¿CÓMO HACEMOS PARA QUE ENTIENDAN QUE AÑOS ANTES SE VIVÍA SIN TODO ESO?.

Hace  40 años vivíamos el apogeo de la música pop, los discos de vinilo que escuchabamos en las radiolas o  tocadiscos de nuestras casas,  los teléfonos analógicos de marcado discal, los carros no tan modernos, las películas en el cinema, las máquinas de escribir retumbando en las oficinas, los libros vivos devorados por nuestra sed de conocimiento o las series que veíamos en la televisión a blanco y negro. Ante este panorama jamás nos hubiéramos imaginado que la ciencia y la tecnología se desarrollarían tan asombrosamente en el futuro.

¿Podemos decir,  pensar y sentir que todo pasado fue mejor a nivel de vivencias, valores, recuerdos y que el desarrollo de la tecnología cambió nuestro entorno y calidad de vida?

Las respuestas a estas   preguntas son relativas y tienen sus defensores y detractores.

No podemos desconocer las ventajas e influencia positiva de la tecnología en nuestra vida cotidiana; para aprender nuevas cosas, para interactuar e intercambiar información con otras personas, su uso en el ámbito laboral y educativo, que a propósito de la realidad que estamos viviendo con la pandemia, la educación se debió repensar y reinventar, y gracias a las herramientas educativas digitales se frenó un debacle que pudo ser peor.

No podemos ignorar que el uso exagerado de la tecnología ha generado una serie de tecnopatías sobre todo en niños y  jóvenes  que han limitado su libertad y conexión con la realidad y personas que los rodean; esto se siente palpable cuando invitas a tu hijo a caminar o a pasear el perro y ellos prefieren chatear con sus amigos  o estar conectados virtualmente.

La tecnología en sí no es perjudicial pero sí la actitud frente a ella cuando se convierte en un hábito que conlleva cambios negativos a nivel personal y social y, aunque estamos ya en un nuevo tiempo, el de la globalización, el de la información y la relación instantánea entre individuos y grupos con múltiples redes sociales por internet, algo sin lo que nos sería tremendamente difícil vivir, es imperativo encontrar un sano equilibrio, ese justo medio de los dos extremos de la virtud Aristotélica, no pecar ni por exceso ni por defecto, usar la tecnología de manera racional y provechosa sin sacrificar el paseo al campo, la reunión para almorzar sin celulares, la cita con el papel amarillento y las notas vivas de un libro, ese sentido e íntimo encuentro personal para conversar y sentir el palpitar del corazón de tu amigo y no la fría conexión de una red artificial.




“Debemos desconectarnos más de las máquinas y los dispositivos para conectarnos más con los seres humanos”  Deja por un día el celular, no te esclavices de él, comprueba que la vida sigue y verás nuevos arcoíris que quizás por tu ceguera digital te has perdido. Recupera tus sentidos, la conexión con la realidad, déjate enganchar y atraer por otras sanas aficiones que cultiven tu mente, tu espíritu y tu ser.

La vida es el son que bailes, la balada que interpretes, la poesía que escuches, el palpitar que acompañes. No dejes escapar esos momentos mágicos de infinita felicidad y durabilidad que son al fin y al cabo los que quedan en tu corazón y responden a la  pregunta que quizás todo pasado sí fue mejor, que el hoy es el mañana de ayer que construimos con amor, alegría y tesón para que nuestros hijos tengan una vida mejor.

Por eso el gran reto para todos es hacer ver que las nuevas tecnologías y los grandes avances que éstas posibilitan al ser humano en todos los sentidos -materiales, culturales, espirituales- deben estar al servicio de toda la humanidad, de todos los países y regiones y de todas las personas que habitan este mundo, pero sin detrimento del ser y el medio ambiente.

En la educación el doble desafío será aprender cosas nuevas y enseñar las cosas viejas de un modo nuevo y siendo ambas muy difíciles, quizás lo más duro es enseñar lo viejo con cosas nuevas y cautivadoras.